domingo, 20 de octubre de 2013

TERMINA LA CONQUISTA DE MEXICO EN EL TEATRO REAL DE MADRID






La conquista de México. Wolfgang Rihm (1952). Música teatral en cuatro partes. Libreto del compositor, basado en textos de Antonin Artaud y Octavio Paz. Estreno en España en una nueva producción del Teatro Real. Martes 15 de octubre, 2013.
 
Raíz del hombre (XV) .
Octavio Paz.
“… Bajo este Amor de soledad herida
Hay una dulce ira,
Un ciego amor de ira,
Torbellino sombrío
Donde tu nombre en sangre me devasta”

Director musical: Alejo Pérez. Director de escena: Pierre Audi. Escenógrafo: Alexander Polzin. Director del coro: Andrés Máspero. Reparto: Montezuma, Nadja Michael. Cortesz Georg Nigl. Malinche, Ryoko Aoki. Soprano, Caroline Stein. Contralto:,Katarina Bradic y elenco. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Martes 15 de octubre, 2013.
Una de las mejores noticias que trajo consigo esta ópera, fue la reaparición en el foro de Gerard Mortier, que vino para la rueda de prensa que presentó La Conquista en el Real, en espera de que siga viniendo y se estrene la próxima función dedicada a América: The Indian Queen, de Henry Purcell (1658-1695), el 5 de  noviembre.

 Se trata de una obra que narra, muy sui generis, un poco a la europea y sobre todo a la alemana (Alemania quedó muy lejos del “descubrimiento” y la “conquista” de estos territorios españoles en ultramar), los avatares sangrientos de la llegada de los españoles al antiguo imperio de Montezuma, que ya llevaba una larga trayectoria cultural antes de la llegada de Cortez (la grafía de esta versión es “Cortez” y “Montezuma, en vez de la más habitual en América y España,  “Cortés” y“ Moctezuma”).
El enfoque de Rihm conecta con textos de Artaud y su concepción del teatro de la crueldad, basado sobre todo en una escenificación que resalta la fisiología del actor. Hay algo de rito y ritual en esta representación cuya filosofía “invita al espíritu a un delirio que exalta sus energías, impulsa a los hombres a que se vean tal como son, hace caer las máscaras, descubre la mentira”.

Una parte vital juega en esta propuesta el encuentro de dos culturas, personificadas en dos hombres- el español y el mexicano- aunque en esta ocasión, para insistir más en una interpretación un tanto atípica y heterodoxa del fenómeno de la llegada de los conquistadores, el personaje de Montezuma lo represente una soprano, con todos sus rasgos femeninos que tradicionalmente se le atribuyen a las mujeres: belleza, secretismo y misterio y especialmente sumisión.
Los textos de la ópera son sin embargo ajenos a la imagen que se tiene de esta aventura americana con final luctuoso más para unos que para otros. La insistencia se apoya sobre la frase, muy repetida de “Neutro, masculino, femenino”, especie de letanía auditiva que emparenta tal vez con la inspiración de la gramática de la lengua alemana.
Aquí la localización de los instrumentos es fundamental, ya que la orquesta está dividida en tres grupos: los dos primeros ubicados frente al público, el primero a nivel del foso de la orquesta y el segundo más arriba. La tercera parte de los instrumentos está en cambio dispersa por la sala (a ambos lados de la platea, en los palcos bajos y arriba, en el palco de autoridades). Habla así el compositor de una concepción en términos tridimensionales, imaginada como una verdadera “escultura”.

Asimismo, las voces se distribuyen espacialmente con un barítono y dos voces recitantes en el papel de Cortez y se utilizan tres voces de mujer para recrear la figura feminizada de Montezuma: una soprano dramática, una soprano aguda y una contralto, estas dos últimas prolongando la voz en el escenario como una especie de “canto dentro del canto”. Las voces masculinas así representan a los españoles y las femeninas a los indígenas, en una distribución que cada cual puede asimilar como le parezca.
La Malinche, que jugó un papel tan importante como bisagra cultural y lingüística en esta narrativa, la traductora entre las dos culturas y más, es aquí, paradójicamente, muda y esbozada por una figura oriental ataviada con un kimono que recorre fatigosamente el escenario durante toda la representación. Para Rihm, “habla por medio del cuerpo…baila una suerte de lenguaje”. Él verá.
La percusión es fundamental aquí, característica que retoma el autor de la música en el concierto para violín Gesungene Zeit (1991-92) o Sotto voce-Notturno, para piano y orquesta (1999).
Sería injusto hacer referencia solo a la caligrafía musical de la velada, porque lo visual ocupa una parte fundamental de la atención del público: el vestuario y la puesta son imaginativos, ricos y originales, con una inclinación sugerente por el dorado que recuerda a menudo los tonos luminosos de la pintura de Klimt. Para estar relatando la premonición de lo que acabó siendo una masacre, son evocadores, relajantes y muy plásticos. El poder de la sensualidad unida tal vez al abrazo definitivo de la muerte y el final histórico de un ciclo que no tuvo por qué terminar de esa manera. Bonito el maquillaje de Sylvie Imbert, antigua compañera de un grupo de teatro que dirigía, Bruno Vella, un argentino entusiasta de lo francés, hace tiempo fallecido. (Sylvie, ¿te acuerdas de aquellos viejos tiempos?, ¿cómo sigue Gérard, con su enorme talento…?).
Las partes del coro fueron grabadas previamente para difundirse por altavoces y su desempeño, casi en la línea de las antiguas tragedias griegas subraya la acción como desde lejos, pero está siempre presente.
Excelente la dirección de Alejo Pérez, atento a todas las entretelas de la dispersión de la orquesta y los cantantes. Consigue un sonido impresionante.
El barítono Georg Nigl, que sugiere una agradable voz de tenor por momentos, tiene un desempeño eficaz, que se afianza a medida que se centra su voz y evoluciona la ópera. Montezuma es una soprano potente, que infunde energía a toda la sala y ajustadísimas y elocuentes la también soprano Caroline Stein y la contralto Katarina Bradic. Bradic proyecta una voz casi masculina, con unos graves increíbles, canta con una absoluta facilidad, sentada y relajada, como si el desafío no fuera con ella. Nítida y cuidada la dicción alemana, se oyen las vocales y sobre todo, las consonantes, a la perfección.
El público en general aplaudió el esfuerzo titánico de montar y sostener una versión contemporánea y portentosa como ésta, salvo algunos que muy poco discretamente se eclipsaron de la platea, en mitad de la representación. Como siempre, en fin, hay de todo, como en botica, pero con muchos ánimos.

Alicia Perris

Para más información sobre La conquista de Mexico, se puede consultar
La revista del Real de septiembre, octubre y noviembre o la página del Teatro, www.teatro-real.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario